Todo puede comenzar con una tragedia o un hecho que nos perjudique en nuestra salud. Hay casos de personas que han acudido al hospital con un simple golpe en la pierna, y tras un cúmulo de desgracias termina con un infarto de miocardio. Varios son los hechos que te pueden llevar a estar debatiéndote entre la vida y la muerte en una fría mesa del quirófano. A partir de ahí, son varios los casos de personas que han manifestado tener experiencias que se alejan a la realidad que estamos acostumbrados a ver en “el más acá”. Casi todos los relatos tienen el mismo orden cronológico de sucesos: lo primero es esa sensación de estar flotando sobre su cuerpo, observando todo lo que haya a su alrededor en el momento de su agonía. Puede escuchar voces, relatos o incluso observar lo que sucede en la habitación de al lado donde se encuentran sus familiares. Otra de las características es visualizar el tan famoso túnel donde se aprecia en el fondo una luz blanca muy luminosa, al entrar en él también se describe con bastante frecuencia la aproximación de unas entidades de luz, frecuentemente familiares o conocidos ya fallecidos.

También dependen las creencias religiosas que posea el sujeto, pues es habitual que algunos nombren a Jesucristo como el que los acompaña en ese tramo tan especial; otros en cambio relatan como otro tipo de personalidades religiosas son los que acuden a su encuentro. Es también habitual la sucesión de imágenes de lo que ha sido toda su vida. La ciencia lo identifica a la cantidad de fármacos que son inyectados a los pacientes en ese estado de vigilia y así poder llevar a cabo ese tipo de “alucinaciones”. También se ha demostrado que el cerebro puede aguantar unos minutos vivo tras el fallecimiento. Lo que sí es verdad, es que las personas que han “sufrido” este tipo de experiencias, se vuelven mucho más humildes, dando valor a lo que antes no creían necesario. Es cierto que este tipo de hechos pueden transformarte e iniciar la búsqueda de lo que para ti ha sido una experiencia paranormal o divina.
Tras estar presente en todo ese tipo de sucesos, las personas describen como al final se ven delante de un muro o de algo que les impide avanzar, es ahí cuando se dan cuenta que aún les queda algo por hacer y que todavía no es su momento. Estas palabras también suelen ser transmitidas por algún acompañante que tienen en esos momentos. A pesar de sentir una tremenda paz y amor frecuentemente descritos como indescriptibles, al poco tiempo vuelven a sentir ese frío y dolor tras regresar a su cuerpo físico. Pero ahora esto los habrá transformado y a partir de ahí iniciarán una vida con una mentalidad totalmente diferente.
CASO REAL DE EXPERIENCIA CERCANA A LA MUERTE
El siguiente relato tiene una veracidad del cien por cien, pues la persona que lo cuenta en aquellos momentos era solo un niño y su mentalidad estaba lejos de comprender ese tipo de razones. Fueron sus padres quienes pasaron realmente miedo y los que describen también como sucedió todo: “Nosotros vivíamos en un cortijo muy lejos de donde estaba el pueblo. Mi marido se estaba preparando para salir a comprar algunas cosas que nos hacían falta. Cuando salgo al patio para despedirlo, observo que poco antes de salir por la última puerta del patio veo como se gira bruscamente y empieza a correr. De pronto miro y veo a mi hijo de tan solo un año y medio metido de cintura para arriba en un bidón de agua con las piernas completamente hacia arriba. Mi marido lo saca deprisa y observamos que está totalmente inconsciente teniendo la tez un color blanquecino. Él empezó a hacerle ejercicios de respiración mientras yo me encontraba totalmente histérica. El niño empezó a toser y escupió un poco de agua, entonces decidimos montarlo en el coche y llevarlo al pueblo más cercano. En ese momento nuestro vehículo no estaba en las mejores condiciones y tardamos bastante en llegar al pueblo, en cuanto lo ve el médico nos dice que lo llevemos a otra localidad que se encontraba a unos 45 kilómetros. Yo me iba a morir. El médico se echaba las manos a la cabeza y yo no podía aguantar el llanto. Mientras lo llevábamos yo le pedía asistencia a todos los santos que existieran, pues yo quería volver a tener a mi hijo en condiciones. Yo lo veía echar espuma blanca por la boca y no podía contener el miedo. Cuando llegamos por fin a esa localidad donde sí había hospital nos comentaron que ellos no poseían las herramientas necesarias para tratar a mi hijo. Lo mejor es que su hijo sea trasladado a Córdoba donde hay mejores profesionales y máquinas más avanzadas. SI LLEGA VIVO allí tendrá más oportunidades de salvarse, así que irá en una ambulancia especializada para allá (eso me dijo el médico mientras a mí se me caía el alma). Nuestro jefe conocía a un médico que trabajaba en el hospital de Córdoba, lo llamó y le dijo que mi hijo iba hacia allí, que por favor se hiciera él cargo (era una persona muy influyente). Cuando llegamos a Córdoba había allí muchísimos sanitarios pendientes de la llegada del niño, todos pendientes de él. Lo entubaron y demás y al cabo de unas horas el médico vino a hablar conmigo: “su hijo está muy mal, ha estado varios minutos sin que le llegue oxígeno al cerebro y según el tiempo que haya estado así, de eso dependerán sus secuelas, si al final se salva. Quizás no pueda andar, hablar…”, yo me llevé un palo con aquellas palabras. Los días allí eran terroríficos, yo me asomaba por una ventana donde me dejaban verlo, y estaba allí lleno de cables por todos lados, con tan solo un añito de vida. Cuando me encontraba en la habitación de pronto escucho unas risas y veo como vienen entre risas mi hijo con dos enfermeras, yo me eché a llorar desconsolada. No tenemos explicación para esto, me dijo el médico, es un auténtico milagro que el niño se encuentre así. Al cabo de un tiempo, ya podemos marcharnos a nuestro hogar, justo a la entrada del patio, donde se encontraba nuestra vivienda, observamos un payaso de juguete riéndose. Él allí sólo, sin nadie en aquellos momentos en el cortijo, su padre le dio una patada y lo quemó en una candela. Al entrar en la vivienda el niño se queda fijamente mirando a un cuadro donde yo tenía varias estampas de santos y personajes religiosos, llorando me pedía que me acercara y cogió la estampa de la Virgen del Carmen (relacionada con milagros a los niños pequeños), no la soltó nunca, día tras día la tenía en su manos hasta que la estampa dio de sí y terminó desgastada de una manera ya irreconocible. Al poco tiempo lo escucho hablando con su hermano, “mira a esa mujer la he visto yo”, su hermano le dijo: “¿a quién?”, y él le contestó, “¡a la Virgen!, ¡cuando me ahogué!”, yo me quedé muy sorprendida pues no era habitual que el niño a esa edad supiera quién era la virgen y describiera que cuando le ocurrió todo aquello él la había visto. Yo la verdad que le recé a todos los santos, y a partir de aquel momento enciendo una vela durante todos los días de mi vida para agradecer que cuidaran a mi hijo en aquel momento tan duro. Hoy en día es una persona buena con un gran corazón que se desvive por ayudar a los demás. A partir de aquel momento me di cuenta de que los milagros existen y de que aquel día la Virgen María me echó una mano”.
