Algo Está Llegando
Las ventanas vibraban como si una fuerza invisible las golpeara desde fuera. El viento rugía con furia, pero no era un viento normal. Parecía tener vida propia.
Mario y su madre cerraban puertas y ventanas frenéticamente. Algo se acercaba.
—¡¿Qué está pasando?! —gritó su madre mientras un grupo de vasos volaba contra la pared, estrellándose en mil pedazos.
Mario sintió un escalofrío en la nuca. Su instinto le decía que debían estar preparados. Sin pensarlo dos veces, tomó un cuchillo de la cocina.
La casa entera comenzó a temblar.
La Voz en la Noche
La Presa, un barrio de Guanajuato (México), era un lugar tranquilo. Sus habitantes no estaban acostumbrados a lo paranormal. Pero esa noche, todo cambió.
El silencio repentino fue peor que los temblores.
Chirridos.
Pisadas en el piso superior.

Luego, tres golpes secos en la puerta.
TOC… TOC… TOC…
—¿Hay alguien ahí? —una voz grave y familiar resonó desde la calle.
Mario y su madre contuvieron la respiración.
—Vamos… abridme…
La voz insistía.
Victoria, la madre de Mario, sintió un escalofrío recorriendo su columna. Con manos temblorosas, se acercó a la mirilla.
Lo que vio la hizo retroceder de inmediato.
Era Fran.
Pero no el Fran que Mario conocía. Algo en su rostro se había torcido en una expresión antinatural.
—¿Qué quieres? —preguntó con voz trémula.
Desde el otro lado, la respuesta fue un susurro helado:
—A ti…
La Maldición Ha Comenzado
Victoria tembló de terror. Sus dedos se deslizaron por el teléfono y marcó la policía.
Pero antes de que pudiera hablar, un sonido espeluznante la paralizó.
Un chirrido largo y metálico.
Algo dentro de la casa estaba cambiando.
Las luces parpadearon.
Las paredes vibraron como si estuvieran respirando.
El teléfono se apagó.
Mario miró a su madre. La vio diferente. Su mirada perdida, su respiración agitada. Sus manos temblaban, pero no de miedo… sino de algo más profundo, algo que no comprendía.

Un Baile Macabro
Entonces, sin previo aviso, Victoria comenzó a bailar.
No era un movimiento normal. Era como si algo la guiara, como si cada paso estuviera coreografiado por una fuerza oculta.

Sus brazos se elevaron, su cuerpo giró con una agilidad inhumana.
—¡Mamá, para! —gritó Mario, aterrado.
Pero ella no se detenía.
Mario sintió que la realidad se desmoronaba a su alrededor. Algo estaba manipulando a su madre. Algo la estaba controlando.
Y entonces, sin que pudiera evitarlo…
Giró el pomo de la puerta.
La Presencia Oscura
La puerta se abrió lentamente.
Una mano vieja y arrugada se deslizó por el umbral, aferrándose a la madera.
Poco a poco, un rostro oscuro emergió de las sombras.
Los ojos de Mario se abrieron de par en par.
Ya no era su amigo Fran.
Era algo más. Algo antiguo. Algo que lo buscaba desde hace mucho tiempo.

📌 Continúa la historia en la última parte aquí: El Misterio del Sótano – Parte Final