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Cómo Imaginar la Sanación Puede Hacer la Diferencia

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Hace un tiempo yo buscaba una cochera para mi coche. En mi pueblo no hay muchas, pero un día mi padre me comentó que había encontrado una. Yo me dispongo a hablar con su contacto y éste de muy buen agrado me da la llave…

En esta historia real quiero contarte lo que me pasó y porqué la idea de sanarse espiritualmente permanece en mi mente.

Yo al fin había encontrado un lugar para refugiar a mi coche nuevo del calor abrasador del verano en Andalucía. Los 44 grados diarios dañan sobremanera la pintura y eso a mí me hacía hervir por dentro. Pero bueno, volviendo a la historia.

Yo, cada día, iba a guardar el coche bajo aquellas chapas. Había unos tres o cuatro coches más aparcados, y junto a ellos siempre estaba aquel hombre que me permitió alquilar la cochera (aunque no era suya, sino de un amigo de él). Siempre estaba sentado en una silla de madera y aunque hacía mucha calor, él permanecía allí.

Cada vez que yo entraba él me saludaba de muy buen agrado. Hasta que me acerco a él y me cuenta su historia. Tiene cáncer. Muy avanzado y los médicos le dan sólo 6 meses de vida. Le mandaron pastillas, pero él decía que no se las tomaba. A mí aquello me dio mucha pena.

Una luz envolvente

Cada día que entraba y lo veía, siempre me lo imaginaba rodeándole una luz blanca que lo sanaba. Yo estaba totalmente seguro de que se iba a sanar y así se lo dije: tranquilo que tú te pones bien, ya me lo dirás.

Pasado un mes más o menos, fui a aparcar mi coche, pero cuando llegué me di cuenta que alguien había ocupado mi sitio. Es verdad que aún no le había pagado el siguiente mes, pero decidí no hacer más nada y dejarle ese sitio a aquel coche.

Al tiempo me encontré a aquel hombre en el médico y le pregunté:

– ¿Qué pasa, cómo estás?

– Y éste me dijo muy sonriente: ¡Muy bien!

– ¿No tenías un cáncer metastásico? (lo sabía todo el pueblo).

– Pues inexplicablemente el médico me ha dicho que estoy mejor, que me siga tomando la pastilla, pero que ya no lo ve tan grave.

Con el tiempo me hice la siguiente pregunta: «¿Le habré ayudado yo?»

Creo que aquella forma de encontrar la cochera y de que él estuviese allí en aquel mismo momento no fue por casualidad. En mi mente y mis sentimientos yo le rodeaba de luz blanca mientras le deseaba una buena recuperación. Hoy día sigue en el pueblo y ya han pasado cuatro años de aquello.

Me da mucha alegría verle, y aunque probablemente yo no tuviera nada que ver, en mi interior siento que pude contribuir.

Por eso me gustaría decirte que le desees el bien a la gente, que te imagines cómo se sanan y cómo puedes sanarte tú mismo/a.

Esto no sustituye a ningún médico, pero hace que nos cuidemos.

Desearle buena energía a los demás nunca puede ser malo.

¿Y tú, crees en esto? Déjamelo en los comentarios.

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